Mostrando entradas con la etiqueta genocidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta genocidio. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de diciembre de 2007

Prohibido ser campesino


Protesta de campesinos contra apertura del capítulo agropecuario del TLCAN

Silvia Ribeiro

Vivimos en tiempos de guerra. Parecería que el solo hecho de ser indígena o campesino es una afrenta a los poderosos. La guerra contra la vida campesina es ancha y ajena y por muchas partes sentimos sus dentelladas. Empezó hace mucho, pero en días como hoy, a 10 años de la masacre impune de indígenas en Acteal, se siente más la herida.


Es una guerra suicida, porque los indígenas y campesinos han sido por más de 10 mil años los que han creado, cuidado y legado a toda la humanidad las bases de la alimentación, las fibras para abrigo y vivienda, la crianza de animales domésticos, el uso y cuidado de los bosques y ríos, de plantas medicinales, la comprensión profunda de la naturaleza, junto a una rica diversidad de aproximaciones filosóficas, políticas, artísticas y estéticas de la vida.


No es una visión romántica de la vida campesina: aún hoy la mayor parte de la alimentación mundial la proveen los campesinos y campesinas, quienes pese a los ataques directos o mediados y a las oleadas salvajes de migración siguen siendo más de la cuarta parte de la población mundial y siguen siendo los únicos capaces de mantener la biodiversidad agrícola y de semillas, vitales para el sustento de todos.


Son parte de esta guerra los tratados de “libre” comercio, patentes de corso de las grandes empresas para el tráfico de gente y mercancías, que hasta prevén fríamente –como en el caso del TLCAN– que con su advenimiento miles de campesinos desaparecerían. También son parte de esta guerra la privatización del agua y la tierra por leyes y programas gubernamentales y los cultivos transgénicos, otra arma de las trasnacionales de los agronegocios para contaminarnos y monopolizar las semillas, llave de toda la red alimentaria.


Pero a veces la guerra toma formas extremadamente descarnadas, como la masacre a sangre fría de 45 indígenas en Acteal, Chiapas, el 22 de diciembre de 1997. Aumenta la ignominia que a 10 años no se haya castigado a muchos de los autores materiales del crimen ni a ninguno de sus autores intelectuales.


Por el contrario, la guerra que se tramó desde el gobierno de Ernesto Zedillo, se intenta remozar con la versión de intelectuales de alquiler que pretenden cambiar el pasado, inventado una batalla “entre indígenas” que nunca existió. Lo que sí hubo –atestiguado nuevamente en estos días por muchos de los que estuvieron allí– fueron cadáveres de mujeres, niños y hombres asesinados a tiros por la espalda, algunos mientras rezaban en la iglesia, otros intentando escapar de la matanza, a manos de paramilitares entrenados desde fuentes gubernamentales. Continuar leyendo

viernes, 23 de noviembre de 2007

Acteal: Exterminio, a la vista de policías y militares



Acteal, Chis (apro).- La noche del lunes 22 Agustín Vázquez Ruiz, un anciano de 90 años, durmió bajo un cafeto en una de las tantas montañas de Acteal. Sin cobija, y tan sólo con la escasa ropa que llevaba puesta, se colocó en cuclillas para mitigar el intenso frío y "esperar la muerte".

Por la tarde, casi a gatas, agarrado de las ramas, comenzó a escalar una de las faldas del mismo cerro del que, por la mañana, comenzaron a salir los disparos contra la población que, inerme, oraba por la paz o recibía la ropa que el gobierno del estado donó para los desplazados de Chenalhó.

En su casa, una humilde choza de madera y techo de lámina, había escuchado el intenso tabletear de las ametralladoras. Cuando por un momento cesó el tiroteó, aprovechó para huir al cerro más cercano. Gracias a eso salvó su vida.

Otros, los que estaban arremolinados en torno del pequeño templo de la comunidad, en su mayoría mujeres y niños, no corrieron la misma suerte.

A la una y media de la tarde, dos comandos del grupo paramilitar que desde las once los atacaba a distancia, habían realizado una maniobra de las que el Ejército llama "envolventes", y les disparaban ráfagas, prácticamente a quemarropa.

Muchos niños, mujeres y hombres cayeron fulminados. Otros fueron heridos con balas expansivas en distintas partes del cuerpo. Los menos lograron tirarse al barranco que queda frente y a un costado del templo, internándose entre los cafetales.

Cuando empezó el tiroteo, pasadas las once de la mañana, los policías de Seguridad Pública, apostados en la cancha de basquetbol de la escuela de Acteal –a unos 200 metros del templo– hicieron disparos al aire para tratar de disuadir al grupo atacante. Pero cuando los comandos se adentraron hasta el lugar en que estaba reunida la población, dejaron a los indígenas a merced de los atacantes.

El grupo agresor estaba compuesto por encapuchados y armados lo mismo con rifles 22 que con "cuernos de chivo"; se identificaban sobre todo con paliacates y gorras de color rojo.

"Varios estábamos rezando; otros estaban construyendo un campamento para los desplazados y otros más estaban recibiendo la ropa que nos dieron, cuando entraron los priistas disparando", relata Pedro Vázquez Ruiz, con el horror dibujado en el rostro.

De acuerdo con las primeras indagaciones a cargo de la Procuraduría General de la República (PGR), entre los atacantes figuran militantes y simpatizantes de los partidos Revolucionario Institucional y del Cardenista, antes llamado del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (FCRN).

"Los que pudimos salimos huyendo por el monte, pero muchos cayeron muertos. Estamos muy sentidos porque nosotros no estábamos armados y nos agarraron sin saber nada. Estábamos pidiéndole a Dios por la paz cuando nos cayó una lluvia de balas."

Nadie sabe con precisión cuántos agresores eran, pero todos aseguran que más de 60 "porque rodearon la comunidad".

El operativo paramilitar planeó y decidió en la comunidad de Quextic, la noche anterior. En esa reunión, entre diez y doce de la noche, participaron priistas de Acteal Alto, La Esperanza, Canolal, Yashgemel y Quextic, encabezados por once dirigentes de la comunidad Miguel Utrilla-Los Chorros.

La de Acteal es la más grande masacre en Chiapas en los últimos 17 años. Únicamente equiparable a la que realizó el Ejército federal en Wolonchán, en 1980.

Un miembro del grupo Las Abejas, que se infiltró en la junta, se desplazó de Quextic a San Cristóbal de las Casas, para notificar que la comunidad de Acteal iba a ser atacada al día siguiente por los priistas. Llegó hasta La Primavera, una quinta religiosa en la que está refugiado un grupo de desplazados de Chenalhó, e informó de la agresión que se estaba fraguando contra la comunidad.

En lugar de preparar la defensa, el grupo de cristianos decidió realizar una jornada de oración para evitar el anunciado ataque. En eso estaban cuando fueron a matarlos.

El motivo inmediato de los agresores aparentemente fue la venganza, pues estos –indígenas también– se quejan de que las bases de apoyo zapatistas los quieren exterminar.

Además de la policía estatal, a unos 300 metros de distancia, y desde hace varios meses, también estaban emplazados soldados y policías en un destacamento denominado Bases de Operaciones Mixtas (BOM).

Los militares participaron en el rescate del cadáver de Agustín Vázquez Tzecut, un "priista" asesinado, presuntamente, por un grupo de "zapatistas" encapuchados en las inmediaciones de Quextic la semana anterior a la masacre, el miércoles 17 de diciembre.

Ese asesinato, consumado en una emboscada, provocó que los zapatistas se retiraran de la mesa de negociaciones que mantenían con las autoridades municipales legalmente reconocidas, con quienes habían pactado ya un cese a las agresiones.

"No existen garantías de seguridad", dijeron en conferencia de prensa los miembros del Consejo Autónomo de Polhó para justificar su ausencia en las pláticas que buscaban la pacificación.

Los "rebeldes" se deslindaron públicamente del crimen de Vázquez Tzecut, asegurando que los mismos "priistas" lo mataron "para echarle la culpa a los zapatistas". Seguir leyendo

lunes, 12 de noviembre de 2007

Los intelectuales y Acteal



Francisco Javier Guerrero Mendoza

Recientemente una amiga holandesa que lleva tres años residiendo en México, asombrada ante el escaso número de intelectuales que aparecen en la televisión mexicana, preguntó: “¿Éstos son los únicos intelectuales que hay en México? ¿O son los únicos que aparecen guapos en la pantalla televisiva?” Le contesté que no son tan guapos como para que Paty Chapoy los alabe, pero sí son los únicos… los únicos que aparecen bellos a los ojos del poder.

Sin duda, el movimiento estudiantil de 1968 (precedido por movimientos populares como los de los ferrocarrileros y maestros, y sucedido por otros, como el de los electricistas y varios más) transformó de manera decisiva el ambiente cultural en México e impulsó la libertad de expresión; fue por ello que intelectuales a través de diversos medios de comunicación, los adoradores de todo tipo de censuras fueron cediendo terreno y la oposición se hizo presente en diversos campos de la vida social.


Incluso algunos individuos con sicología de inquisidores, como Regino Díaz Redondo, quien en una época dirigió Excélsior (gracias a una maniobra impulsada por el Luís Echeverría) presumía que en su periódico escribían notorios opositores de izquierda como Valentín Campa y Sergio de la Peña. Pero olvidó agregar que una mosca (o dos, o tres) no hacen verano, y también olvidó mencionar que, entre otros muchos actos de represión, expulsó de Excélsior a René Avilés Fabila y a sus colaboradores por haber criticado por su mala gestión al entonces presidente Ernesto Zedillo, al que muchos indicios señalan como instigador de la matanza de Acteal en Chiapas.


Pero frente al ascenso de los movimientos populares, la respuesta de los grupos dominantes no se hizo esperar, incluso el ala más nacionalista y estadolatra del partido oficial fue desplazada del poder y sustituida por una tecnocracia “globalizadora” derechista al servicio del capital monopólico, tanto nacional como extranjero. Se acentuó la represión contra los sectores populares y se cometió un fraude en las elecciones presidenciales de 1988, con objeto de impedir que Cuauhtémoc Cárdenas, adversario de esa tecnocracia neoliberal, llegara a la Presidencia.


La antropóloga Rosalía Aída Hernández escribió: “Por lo visto nuestro trabajo no logró contrarrestar a los ideólogos del Estado, que 10 años más tarde regresan a la hipótesis de las pugnas intracomunitarias para justificar la impunidad y evitar que se castigue a los verdaderos responsables al más alto nivel estatal y federal” (La Jornada, 27/10/07). seguir leyendo

domingo, 28 de octubre de 2007

El bloqueo contra Cuba: Un crimen llamado genocidio



El cerco económico de Washington a Cuba, que se prolonga por casi cinco décadas, y que durante 15 años ha sido condenado masivamente por las naciones del mundo en el seno de la Asamblea General de la ONU, tiene un sinónimo exacto y preciso: genocidio.

Por Nestor Nuñez

Durante todos estos largos años los cubanos pueden testificarlo con creces. Se les ha negado por el imperio la compra de alimentos, insumos industriales, medios de transporte, tecnología para la salud, y medicamentos esenciales.

Al mismo tiempo, han enfrentado acciones terroristas, ataques armadas, sabotajes e incluso la introducción deliberada de epidemias con daños a la ganadería y la agricultura y provocado la muerte de numerosos de ciudadanos, esencialmente niños.


Más de tres mil cubanos han perdido la vida en los últimos decenios a cuenta de esta guerra imperial de mil cabezas.


Mientras, según cálculos conservadores, las pérdidas materiales de Cuba a cuenta del bloqueo ascienden ya a 89 mil millones de dólares, y siguen acumulándose.


Las legislaciones internacionales son bien claras con respecto a estos daños. La Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada en ONU en 1948, establece como un crimen de lesa humanidad imponer el hambre y las enfermedades a una población determinada para lograr fines de dominación. Seguir leyendo

sábado, 20 de octubre de 2007

A 10 años de Acteal continúa la impunidad



Iñaki García

Este 22 de diciembre próximo se cumplen 10 años de la masacre de Acteal, en la que murieron asesinados 45 indígenas, la mayoría mujeres y niños, a manos de paramilitares. Este hecho criminal ocurrió en un contexto de violencia social y política denunciado de forma exhaustiva sin que nada se hiciera por impedirlo. Como quedó sobradamente probado, la responsabilidad intitucional fue condición indispensable para que ocurriera. Sí tuvo sus costos políticos para el gobierno mexicano, debido a la gran respuesta nacional e internacional por la indignación que provocó la matanza de civiles desarmados. Con este hecho Ernesto Zedillo perdió la presidencia de la OMC, Emilio Chuayffet la Secretaría de Gobernación y Julio César Ruiz Ferro la gubernatura de Chiapas.

A la fecha han sido juzgados y condenados algunos de los autores de la masacre, pero no los responsables intelectuales. Diez años después las cosas no siguen igual, sino peor. El gran poeta chiapaneco Juan Bañuelos, persona de calidad humana intachable, definió el crimen como la crónica de una muerte anunciada.


Pocos días antes del 22 de diciembre, la Unión Europea hizo público un informe sobre la situación de los derechos humanos en México en el que afirmaba que la situación era positiva. Este informe fue condición indispensable para que se firmara el Acuerdo Preferencial de Libre Comercio entre México y la propia Unión Europea; eso sí, con una claúsula sobre derechos humanos que podía poner en cuestión dicho acuerdo. La sociedad civil internacional respondió creando la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos, que realizó su primera visita en febrero de 1998 para observar sobre el terreno la situación y realizar un informe basado en las entrevistas con todos los actores del conflicto.


El informe fue demoledor frente a la tesis institucional de conflicto intercomunitario y religioso: los hechos demostraban que la responsabilidad de la masacre recaía en un grupo paramilitar dotado de armas de alto poder, de uso exclusivo del ejército, amparado en la connivencia institucional tanto del PRI como del ejército y la policía, que afectaba a los diferentes niveles del Estado. De acuerdo con los datos y testimonios recabados por la CCIODH, hay responsabilidad municipal, estatal y federal en la existencia, entrenamiento y acción de los grupos paramilitares en Chenalhó que perpetraron la matanza.


La masacre de Acteal no solamente fue la excusa para castigar la resistencia de las comunidades indígenas rebeldes, sino que posibilitó la militarización del estado, justificada como garante de la paz ante el supuesto conflicto intracomunitario. Provocó la existencia de miles de desplazados internos por causa de la violencia paramilitar en la región, así como el desarrollo de lo que se vino a llamar guerra de baja intensidad del Estado en contra de las comunidades indígenas zapatistas. Seguir leyendo

Contrainsurgencia intelectual a modo

Gilberto López y Rivas

La publicación de la primera parte de un texto de Héctor Aguilar Camín –“Regreso a Acteal” (Nexos, octubre de 2007)–, que motivó una reacción de Luis Hernández Navarro en las páginas de nuestro periódico (“El retorno de Galio Bermúdez”, La Jornada, 9/10/07), así como intercambios epistolares en El Correo Ilustrado al respecto con un ex miembro de la Liga 23 de Septiembre que devino en empleado de la Secretaría de Gobernación, obligan a una definición de quienes ocupamos cargos de representación popular en el momento en que se cometió ese crimen de lesa humanidad.

Como presidente en turno de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), y con la asesoría de la abogada Digna Ochoa, presenté el 30 de abril de 1999 una demanda en la Procuraduría General de la Republica (PGR) acerca de la existencia en Chiapas de grupos paramilitares, uno de los cuales había perpetrado la masacre de Acteal en diciembre de 1997. En la demanda denuncie la puesta en práctica de una estrategia de guerra irregular o contrainsurgente por militares mexicanos, adiestrados algunos de ellos en la Escuela de las Américas, como el ex comandante de la séptima Región Militar, Mario Renán Castillo. La demanda considera la presencia de militares o ex militares en la masacre de Acteal en relación directa con mandos de la Sedena. Uno de ellos fue identificado como Mariano Pérez Ruiz, quien en junio de 1998, bajo el expediente 96/98, declaró y admitió ante la PGR “que ex funcionarios y líderes del PRI son responsables de contratar militares y policías para instruir en el manejo de armas y estrategia paramilitar a comunidades indígenas de Chenalho”, pero agregó una aclaración significativa: “es cierto que declaré en ese sentido, fue debido a que los elementos de la Policía Militar me obligaron a declarar de esa forma, pues si no lo hacía me iban a desaparecer, además todavía era militar activo y tenía que acatar las órdenes de un superior.”


En la citada demanda estipulaba que “los paramilitares son ahora la fuerza de contención activa en Chiapas. Mientras que el Ejército se ha desplegado como una fuerza de contención pasiva, los paramilitares han estado dedicados a hostigar con acciones armadas a las bases de apoyo zapatistas, a líderes agrarios y a obispos y sacerdotes de la diócesis de San Cristóbal. La cooperación de los militares y policías supondría la aplicación de una táctica militar de contraguerrilla conocida como ‘yunque y martillo’, la cual consiste en que el ejército e instituciones policiacas adoptan la función de fuerzas de contención (yunque) y permiten realizar la función de golpeo de los grupos paramilitares (martillo) contra el EZLN y sus simpatizantes.” Seguir leyendo

viernes, 28 de septiembre de 2007

Dos de octubre será sólo un recuerdo si seguimos dominados


2 de octubre no se olvida

Pedro Echeverría


1. En México se grita como consigna: “Dos de octubre no se olvida” para recordar aquel asesinato de estudiantes por el ejército al mando del gobierno, el dos de octubre de 1968 en Tlatelolco, Ciudad de México. La realidad es que aquella tarde, durante media hora llovieron balas a diestra y siniestra (como si fuera una guerra) contra los miles de estudiantes y trabajadores que nos manifestábamos en la Plaza de las Tres Culturas contra el gobierno represor encabezado por Díaz Ordaz. Al gobierno le importó un bledo que hayan niños y ancianos acompañando a los jóvenes; miles tuvimos que correr como locos entre los altos edificios, otros tirarse al piso para evitar que una bala los atravesara. Hoy aquellos jóvenes tienen más o menos 60 años y son pocos los que han conservado su rebeldía porque el Estado, siempre hábil, tuvo la capacidad de absorber a muchos y simplemente mediatizar a otros para que olviden aquella “rebeldía juvenil”.

2. Pero los movimientos, como el de 68, no se miden por los miles de jóvenes que “cambiaron de camisa” en la primera oportunidad o porque muchos de sus líderes diez años después, hayan comenzado a escalar cargos dentro de los diferentes gobiernos o partidos. Los movimientos sociales valen o trascienden por su participación y por su significado: el movimiento ferrocarrilero, la huelga médica, las protestas contra los fraudes electorales en 1988 y 2006, el levantamiento zapatista, las batallas de la CNTE, el gran movimiento de Oaxaca. Importa poco que los líderes al final se hayan vendido y traicionado o que puedan hacerlo en el futuro; lo importante es lo que el movimiento aporta o ayuda para el desarrollo de la conciencia de lucha de las masas. Y no puede ser de otra manera. La carrera no es de 100 metros planos, sino de 10 mil. Como el ejemplo de tren: unos suben otros bajan y otros continúan de acuerdo al camino escogido.

3. Es importante subrayar y recordar que el año de 1968 fue de rebeldía en todo el mundo, no solamente en México. Tampoco fue sólo 1968, sino toda la década de los sesenta fue liberadora. No solo fue la lucha política en las calles, en las plazas y las escuelas, también fue (sobre todo) la batalla cultural de los jóvenes y las mujeres por romper contra la sociedad tradicional autoritaria y opresiva de los gobiernos, los empresarios, el clero, la familia, la escuela y el partido. La década de los sesenta fue una revolución cultural y política en los EEUU, en Francia, Alemania, Checoslovaquia; tanto en el mundo capitalista como al interior del llamado bloque socialista. Y en esa revolución fueron los jóvenes (los de la etapa más revolucionaria y transformadora de la vida) los que comenzaron a echar abajo el pensamiento y comportamiento viejo y tradicional. ¡Viva los hipies, los Beatles y los Rolling, la sicodelia, el amor libre, la libertad!


4. Sartre y su existencialismo, el Che y su humanismo, China y su maoísmo, Bakunin y su anarquismo y el filósofo crítico Marcuse, se convirtieron en bandera de los jóvenes luchadores sociales de entonces. “Prohibido prohibir” significó la plena libertad que iba unida a la “conciencia de la necesidad” de Marx. Los que militábamos en partidos marxistas radicalizados y pasábamos de los 25 años hacíamos esfuerzos por entender a aquellos jóvenes que dejaban sus hogares para organizar sus comunas, que rompían con su trabajo y sus ingresos para laborar en colectividad, que luchaban contra el consumismo y gritaban que había que hacer el amor y no la guerra y que con su guitarra, su pintura, su folklorismo y su rock, pensaban que podrían derrotar el capitalismo hipócrita y destructor de la humanidad. Si bien los acontecimientos políticos fueron los más difundidos, la revolución cultural fue la transformación real. Seguir leyendo

miércoles, 27 de junio de 2007

Empantanan en Veracruz pesquisas sobre la represión contra campesinos nahuas

HERMANN BELLINGHAUSEN

Atrapado nuevamente en un caso de violación de los derechos humanos de comunidades indígenas, el gobierno de Veracruz no logra sacudirse el conflicto en Ixhuatlán de Madero, donde hace cerca de dos semanas campesinos de la organización Dorados de Villa (miembros de la otra campaña) fueron reprimidos a tiros por la policía y los pistoleros de la familia Faisal, una decena de ellos encarcelados, torturados y sometidos a un proceso jurídico irregular y con cargos falsos. Aún se demanda la presentación con vida de indígenas desaparecidos.

leer más

Masacre de Aguas Blancas: 12 años de impunidad

Por Julio Pimentel Ramírez
Este 28 de junio se cumplen doce años de la masacre del vado de Aguas Blancas, Guerrero, hecho en el que perdieron la vida 17 campesinos. Después de cuatro gobernadores y tres presidentes de la República, de diferente afiliación política en ambos ámbitos del poder público, y a pesar de una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que en su momento atrajo e investigó ese grave crimen, la impunidad persiste y los responsables intelectuales y materiales de enlutar hogares campesinos siguen libres, al tiempo que no se han modificado las condiciones que dan origen a la aplicación de una política de Estado que hostiga y criminaliza a las organizaciones sociales independientes y a las luchas populares.

leer más

Calderón busca, vía militarización, un liderazgo que no ganó en las urnas: expertos

JESUS ARANDA

La militarización de la lucha contra el narcotráfico responde a la política diseñada por el presidente Felipe Calderón con la cual pretende asumir un liderazgo que no obtuvo en las urnas, apoyado, fundamentalmente, por las fuerzas armadas.

leer más

La sección 22 del magisterio exige al gobierno federal que no se lave las manos

Los profesores lanzaron un ultimátum al gobierno federal y al estatal que encabeza Ulises Ruiz: "si para el 16 de julio no hay una respuesta satisfactoria al pliego de peticiones (incluida la liberación de presos), la base de la sección 22 (70 mil integrantes) llamará a una concentración masiva en el zócalo de Oaxaca para iniciar un nuevo plan de acción".

leer más

Lucio Cabañas, mito que sigue representando ideales: Tort

El profesor Lucio Cabañas

TANIA MOLINA RAMIREZ

El cineasta Gerardo Tort estaba en Playa Paraíso, Guerrero, platicando con la señora de una enramada y le preguntó por Lucio Cabañas. Ella le dijo que claro que lo conocía, que por ahí pasaba a tomarse unas cervecitas.

-¿No sabe por dónde anda? -inquirió la señora.

-Lo mataron.

-No, está vivo -reviró.

Gerardo Tort contó en entrevista esta anécdota para ilustrar cómo el maestro rural, vuelto guerrillero ante tanta injusticia, sigue presente en las comunidades guerrerenses y en todo tipo de luchas en el país. Cómo este personaje "se volvió una idea, un mito que representa ideales".

leer más

lunes, 11 de junio de 2007

"Justicia", clamor en movilizaciones conmemorativas del jueves de Corpus


Integrantes del Comité 68 encabezaron una de las marchas por el 36 aniversario del halconazo


Al cumplirse ayer 36 años de la matanza de estudiantes perpetrada el jueves de Corpus por el grupo paramilitar los halcones, organizaciones sociales, encabezadas por el Comité 68, recordaron que las víctimas de ése y otros crímenes del pasado aún esperan justicia.

"Los juicios siguen. No olvidamos. La lucha sigue", aunque para las autoridades mexicanas el caso está concluido, dijeron.


"Nosotros no lo consideramos cerrado, abrimos las puertas y presentamos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación un juicio, y también recurrimos a instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanas. Insistimos en que el 10 de junio se tiene que volver a abrir", aseveró Raúl Alvarez Garín, integrante del Comité 68.


Añadió que los juicios penales por ese y otros casos "están en curso, en distinto grado de evolución, tan es así que el ex presidente Luis Echeverría -acusado de genocidio- se encuentra en prisión domiciliaria y está corriendo su proceso".

leer nota completa

lunes, 2 de abril de 2007

Zedillo, el genocida invisible

Hermann Bellinghausen

Hoy que las ejecuciones y destazamientos pueblan la cotidianidad del imaginario colectivo, con momios que crecen día con día y nos conducen a la "trivialización del número" tan cara a la experiencia fascista (ver Hannah Arendt y Elías Canetti), todo indica que se ha olvidado, sin mayor escándalo, al gobierno mexicano más genocida de los tiempos modernos: el de Ernesto Zedillo Ponce de León, último presidente del PRI y del siglo XX.

La aplicación profunda que su régimen hizo del modelo neoliberal, detestable como es para la mayoría de la población, posee legiones de apologistas, socios, cómplices y hasta algunos convencidos de buena fe, los tontos útiles que nunca faltan. En cambio las matanzas de indígenas que marcaron su gobierno hoy se recuerdan en una abstracción histórica aún mayor que el 68. Gustavo Díaz Ordaz sigue siendo el ogro, y tras él Luis Echeverría, a quien sus fiscales arrimaron al banquillo de los acusados sin lograr sentarlo, pero ningún ex mandatario estuvo tan cerca.

¿Y no vendría después el "villano favorito", el chupacabras, el poderoso Carlos Salinas de Gortari? Blanco de vituperios y caricaturas incansables, perseguido por el desprestigio y por el fantasma de una sola muerte: la de su malogrado candidato a sucesor Luis Donaldo Colosio. De ahí salió, en mero 1994, el sustituto Zedillo, the man that wasn't there. Y esa astuta capacidad tan suya de "ausentarse" es la fecha que lo cubre con impunidad no sólo jurídica sino de imagen pública (que también importa aunque no encarcele).

De milagro sobrevivía para entonces el sistema monárquico del PRI, y así se salió con la suya aquel hijo obediente de Mexicali, malo para contar chistes malos que todos le festejaban, pero que del kínder a Harvard sacó puros dieces y nunca faltó a clases. Para cuando trepó a la silla, él que ni quería, ya había manejado las finanzas nacionales, la educación pública y su propio partido, que todavía era El Poder.

Dos recurrentes estampas suyas deberían ser recordadas. Una, la de su fascinación por retratarse entre generales, tanques, cañones, tropas con armas largas. Por más que se esmera, Felipe Calderón sigue lejos de ganarle. Y la otra: él inaugurando gigantescas astas para banderas monumentales en muchas partes, acto que denotaba un irrefrenable complejo de inferioridad. Eran símbolos de conquista. Es así que una de esas banderotas ondea en la base militar de San Quintín, al fondo de la selva Lacandona, una de sus zonas favoritas para alardear, bucear (fue nuestro presidente buzo) y hacer una guerra de verdad.

Adoraba Chiapas, se llevó de a cuartos con sus procónsules interinos Julio César Ruiz Ferro y Roberto Albores Guillén. Y contó allí con un enemigo auténtico, al que traicionó en dos negociaciones de paz y al que no obstante fue impotente para derrotar: el EZLN. A partir del 9 de febrero de 1995 (antes de sus primeros 100 días) Zedillo mostró su calaña, militarizó las comunidades y echó a rodar una guerra de baja intensidad con ferocidad contrainsurgente que causó centenares de muertes indígenas en Tila, Sabanilla y Chenalhó, sus laboratorios de "guerra civil" controlada.

En ese contexto, y con ese comandante en jefe, sucedieron las masacres de Aguas Blancas, El Charco, Acteal, El Bosque y los Loxichas, a cargo de soldados, policías o paramilitares, en cualquier caso gente de su gobierno o de su partido político que nunca se mandó sola. Esto suma varios Tlatelolcos. No impulsivos, sino científicamente planeados. No olvidemos que se trata de un "doctor" con trayectoria académica.

Pudimos horrorizarnos a escala nacional e internacional. Acteal fue sinónimo de ignominia. Abundaron pruebas forenses, videos, testimonios. Por las matanzas cayeron los gobernadores de Chiapas y Guerrero, no el de Oaxaca. Pero la renuncia del presidente nadie la planteó siquiera. Okey, el rey es rey mientras está arriba. Pero, ¿y después? Ya ven que el canibalismo político no perdona. Ninguno antes que él se salvó, y su sucesor Vicente Fox parece que tampoco. Que permanezcan todos impunes es otra cosa.

Pero Zedillo se fue "limpio". Nadie lo acusa ni acosa. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y Harvard lo adoran. Trabaja para los consejos directivos de las trasnacionales que favoreció como gobernante: Union Pacific (gracias por los trenes), Procter and Gamble y otras. Imparte conferencias, le pagan y le aplauden. Vamos, hasta tiene el descaro de opinar. Se inventó el terminajo "globalifóbico" para oponerlo a su globalifilia. Qué tesoro.

Un deliberado asesino de indios inconformes, dignos y dispuestos a luchar por México. Sin contar el genocidio silencioso del despojo, el exilio y el hambre de los cuales fue también responsable directo. Hasta sus correligionarios lo consideraron traidor. Pero nadie le reprocha ya nada. Sus hijos se dan la gran vida en todas las revistas del corazón y él mismo es proclive a cantar rancheras con su cuate El Potrillo y departir con sir Bono, el de U2. Sonríe en todas las fotos. ¿Cómo le hace?