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miércoles, 5 de diciembre de 2007

Los aparatos represivos del Estado contra los normalistas


La PFP reprimiendo a estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa

“RESPETO A LA DECISIÓN DE LOS PUEBLOS: NO A LA PAROTA”.

Desde la represión acaecida el 14 de noviembre por parte de las diferentes corporaciones policiacas del estado contra los egresados de la Normal Rural de Ayotzinapa y estudiantes de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (Fecsum), el nuevo gobierno ha reeditado la política de represión que nos remite a la década de los 70´s, cuando el gobierno federal tomó la decisión de reprimir a los estudiantes con el fin perverso de imponer el orden presidencialista y corrupto que no cedió a las demandas legítimas del movimiento estudiantil que incubaba el surgimiento del México democrático. Las escenas de la policía del estado agrediendo a mujeres estudiantes y aventando bombas de gases lacrimógenos contra los que se refugiaban al interior del Congreso local, no le piden nada a las múltiples agresiones que han sufrido los universitarios de Guerrero por parte de policías antimotines que a nivel nacional han cobrado fama, por su especialidad en el trato cruel y brutal contra la población indefensa.


La falta de diálogo y de respuestas a las demandas planteadas por parte de las autoridades estatales fue orillando a que los estudiantes se colocaran en un disyuntiva, entre la claudicación de su lucha o en el reposicionamiento de su demanda ante la opinión pública a través de la movilización y manifestación abierta ante las diferentes instancias de gobierno. De parte del Estado se mantuvo la posición inflexible de no ceder a las presiones o a los “chantajes” como se ha acostumbrado calificar a la población que se moviliza. Prevaleció la mano dura, teniendo como el recurso más efectivo el uso de la fuerza policíaca para desactivar la movilización y bajar la presión del movimiento estudiantil. Las lecturas policíacas que prevalecen en varios funcionarios del estado, siempre hicieron cálculos fríos y tenebrosos en el sentido de que los normalistas rurales no son una expresión representativa de la sociedad en general y de que no merecen un trato digno como ciudadanos con plenos derechos. Por eso los llaman “vándalos” porque no son funcionales al sistema capitalista que exige sumisión a un sistema que explota al trabajador y porque tienen la osadía de desenmascarar el discurso falaz de la tecnocracia neoliberal y de asumir el compromiso como colectivo de hacer valer sus derechos por la vía de los hechos, del ejercicio directo de sus libertades fundamentales. continuar leyendo

jueves, 22 de noviembre de 2007

La rebelión, una vía para sacar de la marginación a la Montaña de Guerrero



Sergio Ocampo Arista (Corresponsal)


Juanacatlán, municipio de Metlatónoc, Gro., 21 de noviembre. La vida en la Montaña alta de Guerrero es de pobreza, miseria y hambre. Pero también de lucha y rebelión, de hombres que se sublevan y de mujeres insumisas. Cándido Félix Santiago y Angélica Flores Lorenzo hablan de sus experiencias de organizarse, cada quien a su manera, pero con el mismo objetivo: sacar del atraso y la marginación a los pueblos indígenas.


La historia de Angélica Flores Lorenzo es única: primero se rebeló contra la tradicional dote, que consiste en que los padres venden a sus hijas con quien las quiera para esposas, sin su consentimiento; luego aprendió a leer y escribir, viajó a Guatemala, a un acto indígena, y ahora organiza a sus hermanas sin la participación de los partidos, que “sólo nos han dividido.


“Ya terminé la preparatoria abierta, ahora quiero aprender física o química, aunque me gusta mucho la literatura, gracias a la enseñanza de las madres de la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Quiero seguir estudiando otro poquito y más arriba, me gusta mucho la filosofía, la historia, las ciencias; ahorita estoy leyendo la historia de cuando llegaron los españoles”, dice.


De 37 años de edad, originaria de la comunidad Llano de la Chuparrosa, municipio de Cochoapa el Grande, Angélica es mixteca, dice que ha logrado organizar a unas mil mujeres de 108 pueblos de esa jurisdicción ubicada en la Montaña alta de Guerrero, para luchar por sus derechos en esta zona, donde se les margina.


Lucha contra el alcoholismo


“Primero fuimos una, dos; luego 100, 200, y ahora somos mil de los 108 pueblos pertenecientes a Cochoapa El Grande. Nuestra primera lucha fue contra el alcoholismo, pero todavía hay eso; luego fui a aprender medicina tradicional y tengo un grupo de compañeras, no sé cuántas; y hay otro grupo de viudas que no tienen esposos, en eso estamos trabajando con las hermanas misioneras”.


De su viaje a Guatemala el año pasado manifestó que “allá las mujeres sufren más que otras mujeres, y aquí parece que está nivelada la cosa, pero en otros pueblos no; en Cochoapa El Grande también las mujeres son machistas con los hombres, y en Guatemala, a pesar de que están organizadas, siguen en la esclavitud”.


Apenada, dice que no sabe qué nombre ponerle a su organización: “no sé, me gusta el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz, como se llamó mi generación de preparatoria abierta, aunque me gusta el de Josefa Ortiz de Domínguez, el de (José María) Morelos y el de Vicente Guerrero, que fue muy valiente; pronto le vamos a poner un nombre”.


Antes de que finalice el año, anuncia, se efectuará un congreso de mujeres mixtecas; “hay muchos problemas que padecemos, pero tal vez el alcoholismo en los hombres sea el más grave; otro es la migración: la gente se va y deja a sus mujeres y a sus hijos; muchos no regresan”. Continua leyendo